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  • Ha fallecido hoy Susana Cayuso.

    Casi todos recordamos esa delantera de Miller - Cayuso - Gelli, sus cuatro tomos de “casebooks” a la americana pero impregnados de realidad argentina (“Constitución y poder político”, “Constitución y Derechos Humanos”) con preguntas fáicticas y contrafácticas que ponían el derecho del derecho y del revés, una atracción samba de parque de diversiones pero también una prueba de resistencia para desfosilizar el derecho y sacarlo de las cajas de petri, echar su esencia al mundo natural y ver que había de noble y de insensato. Dice nuestra Mariela Puga en el chat: “en tiempos en donde los señores se sentaban en su olivietti y te decían que el derecho constitucional era lo que les venía como inspiración.. estos laburaron con un plan pedagógico y un concepto. En contexto, unas y un capo.”.

    Muchos la pueden tener presente como cabeza de serie en las cátedras de Constitucional de la UBA (rompiendo un techo de cristal ahí). Yo la recuerdo en esta entrevista que quiero compartir, grabada una mañana destemplada de otoño de 2012. Ella fue muy generosa y yo muy zonzo porque me desperté en la ruta en el colectivo a las 2 a.m., en viaje a Buenos Aires, y me di cuenta que habia llevado el trípode, pero no la cámara. Le escribi a esa hora a Bovino que por supuesto estaba despierto, y me salvó con un comodato de cámara.

    Ella era en ese momento Secretaria de Jurisprudencia de la Corte, y por ende curadora y custodia de las sustancias secretas de lo que se falla (estuvo allí desde 2007 a 2015), y generosamente aceptó que grabáramos una especie de entrevista, que aquí compartimos, en donde -omitan la precariedad de medios técnicos, encuadre y edición- dice cosas muy filosas y muy sensatas sobre la jurisprudencia como fuente, el circuito de trabajo, sobre el valor y el espejismo de los sumarios, y sobre el lenguaje de las sentencias. Era una persona que realmente estaba en su elemento y que había nacido para eso.

    En “los justos” Borges imagina un elenco variado “de personas que se ignoran, y que -sin saberlo- están salvando al mundo”. Su lista incluye varios ítems: “el que descubre con placer una etimología”, “el tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada” (hermoso Borges, rompiendo la cuarta pared). En ese mundo está también quien -pongamos- ve un fallo y encuentra una línea de ideas, la reporta y la disecta, sin contaminar ni traficar ideas propias, y sabe -y generosamente explica- que no hay en cada sumario una recta infinita, sino una línea de puntos: ese mundo existe y en él Susana Cayuso fue una de las justas.