• debates
  • ensayos
  • entrevistas
  • reseñas
  • Publiqué en Clarín una nota (acceso en mi blog al texto completo, aquí), sobre el traje chico del constitucionalismo.

    “Un diagnóstico apropiado, según entiendo, debería conducirnos en la dirección opuesta a la transitada en estas décadas. Nuestro problema (constitucional) no es la falta de derechos, sino el mantenimiento de una estructura de poder poco democrática. Los nuevos derechos enumerados (que —vale aclararlo— bien incorporados están, en su gran mayoría) sirven de poco si, como ciudadanos, quedamos condenados a peregrinar pacientemente hacia los tribunales, o a pedirle de rodillas al Presidente, por derechos que, finalmente, los funcionarios nos otorgarán o no, conforme a su estado de ánimo. Las prácticas en las que se ha degrado el constitucionalismo, en estos tiempos, llevan entonces a que derechos que son ’nuestros’ e incondicionales, terminen convirtiéndose en ‘concesiones’ a cargo del poder de turno, y así convertidos en ‘privilegios’ que sólo sirven para reforzar el poder (y el poder de extorsión) de las autoridades constituidas.”