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  • Escribir la introducción para este volumen representó un hermoso desafío. Principalmente, por la importancia del trabajo de Christian Courtis y por la admiración que su obra genera entre tantos de sus contemporáneos: amigos y amigas, colegas académicos, profesores, activistas, litigantes y actores de distintos ámbitos y latitudes. Pertenezco, en cambio, a una generación posterior —-la de quienes hoy superamos los 40 años—- que se ha visto influida de modo profundo por la obra de autores como él. Pienso, sobre todo, en esa generación de estudiantes de Derecho situada entre la transición democrática y los actuales tiempos de polarización política. La generación que todavía debió estudiar sus materias recurriendo a los viejos manuales en los que se explicaban los derechos por “generaciones” (derechos liberales de primera generación, sociales de segunda generación, etc.); que distinguía entre derechos programáticos y operativos — estudiantes a los que se les seguía insistiendo con el anticuado mantra de “la reserva de ley” en el control de políticas públicas. Afortunadamente, poco a poco, y ayudados por profesores como Courtis y algunos de sus colegas de ese tiempo, fuimos partícipes de una transformación vertiginosa del derecho. A lo largo de nuestros años de estudiantes, el cambio fue profundo: naturalizamos el uso del derecho internacional de los derechos humanos; los estándares, los protocolos y las observaciones generales; los informes sombra y los mecanismos individuales. Gracias a ellos, fuimos los estudiantes de las clínicas jurídicas, los procuradores de los casos estructurales, estratégicos o de impacto, quienes también esperamos con ansias las sentencias y participamos de los procesos de ejecución. Fuimos, a su vez, quienes discutimos hasta el cansancio sobre los límites de la función de los tribunales, a medida que nos íbamos enfrentando a esos obstáculos. Lo sorprendente es que fuimos testigos, casi sin darnos cuenta, de cómo lo que para nosotros era una completa novedad en pocos años se convirtió en algo corriente dentro de la práctica del derecho.

    Hablo de una época notable, en la que se produjeron cambios significativos en la forma de pensar el derecho en la Argentina, impulsados por juristas muy jóvenes, sumamente sagaces para vislumbrar las nuevas perspectivas que habilitaba, en particular, la reforma constitucional de 1994. La visión de Courtis, junto con las contribuciones de los y las colegas de su generación, fue fundamental en la consolidación de estos nuevos enfoques en el campo jurídico, y su influencia llegó también a otras latitudes. No pretendo aquí analizar este fenómeno, pero, en algún punto, creo útil que nos detengamos un poco, miremos hacia atrás y dimensionemos el largo y consolidado recorrido de muchos de los temas desarrollados por autores como Courtis. Esta obra tiene como objetivo poner de relieve esos trabajos, compilar en una publicación algunos de sus escritos más salientes y facilitar el acceso a ellos a las nuevas camadas.

    Courtis es miembro de una generación que entendió el derecho no como un sistema cerrado de normas, sino como un lenguaje destinado a transformar la realidad, siempre bajo la comprensión de que esta función se puede realizar desde una multiplicidad de lugares y funciones. En efecto, cuando se revisa su obra, no resulta fácil separar al jurista del académico, del litigante, del investigador, del editor o del divulgador. Su trayectoria se extiende entre aulas, tribunales, organismos internacionales, revistas académicas, prestigiosas universidades, espacios desde los cuales siempre procuró pensar la transformación tanto desde como del derecho.

    La obra de Courtis se distingue por un marcado interés en enriquecer el campo del derecho con perspectivas provenientes de otras disciplinas. Su curiosidad, apertura y agudeza intelectual se aprecian a lo largo de su prolífica y diversa producción. Este rasgo sobresale de manera notoria en sus trabajos sobre salud mental, marcados por el esfuerzo de tender puentes con los saberes de la psicología y la psiquiatría. Pionero en este abordaje, Courtis trabajó esta temática, más bien inusual, desde joven, como se ve en varios de sus artículos de la revista No Hay Derecho. No se trató tan solo de una preocupación teórica. Courtis se encargó de llevar este tema al terreno de los tribunales y a la trinchera del derecho, uniendo su faceta académica con la de litigante. Fue uno de los primeros abogados del Programa de Asistencia Jurídica a Personas que Sufren Enfermedades Mentales del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), desde el cual contribuyó a ampliar su agenda y litigó casos emblemáticos en materia de salud mental. Asimismo, Courtis sobresale por su modo de ejercer la abogacía, caracterizado por la escucha atenta, el respeto hacia los protagonistas del caso y una especial sensibilidad, que ha combinado con sus sólidas aptitudes como abogado litigante.

    La creación de No Hay Derecho merece una consideración especial. Courtis, junto con un grupo de abogados notables —quienes habían participado previamente en una revista de estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires—, fundaron una nueva revista jurídica que se distinguió de modo radical respecto de las publicaciones tradicionales. No Hay Derecho se caracterizó por su formato disruptivo y su inspiración, y por su diálogo directo con las revistas culturales de la época. Con un estilo lúdico, polémico y experimental, en sus páginas se exploró una multiplicidad de temas, que iban desde los derechos humanos y la justicia social, el psicoanálisis, las prisiones y la salud mental hasta análisis profundos de las reformas de la época, el derecho laboral, el funcionamiento del Poder Judicial, la divulgación de las teorías críticas, entre muchos otros. La revista funcionaba como una plataforma para difundir una mirada crítica y heterodoxa sobre el derecho. Es notoria la influencia de Courtis tanto en la divulgación de las teorías críticas del derecho como en su análisis agudo sobre el funcionamiento del Poder Judicial, temas que continuaría desarrollando a lo largo de su carrera.

    El aporte de Courtis en materia de derechos económicos, sociales y culturales (DESC) merece, sin lugar a dudas, un párrafo especial, ya que dedicó una parte significativa de su carrera al estudio y la defensa de estos derechos. Su trabajo se distingue por un enfoque integral, así como por su compromiso con la justiciabilidad de esos derechos. Courtis ha contribuido de manera decisiva —en la Argentina y en varios otros países— al cambio de paradigma en materia de exigibilidad de los derechos sociales. A través de aportes como los suyos, tales derechos dejaron de ser meras aspiraciones programáticas para pasar a ser derechos exigibles ante los tribunales. En sus trabajos, ha explorado la naturaleza jurídica de los derechos sociales, su contenido, alcance y las obligaciones que generan para los Estados. Asimismo, estudió temas como el derecho a la salud, el derecho a la educación, el derecho a la vivienda y el derecho a la seguridad social, entre otros, examinando las normas internacionales y los mecanismos de protección existentes. Más aún, investigó las formas en que los derechos sociales pueden ser afectados por las políticas económicas y sociales, y estudió propuestas para garantizar su protección efectiva en contextos de crisis y ajuste estructural. En este ámbito, el compromiso de Courtis se extiende más allá de la academia y se une a su labor de activista y litigante, ya que ha participado vivamente en la promoción y defensa de estos derechos.

    Los desarrollos de Courtis destacan por su claridad conceptual, su capacidad única para rastrear la historia y un talento singular para lograr enfoques integrales. En sus artículos se presentan las discusiones relevantes, los matices, los debates, sin dejar de brindar conceptos claros que pueden traducirse en herramientas de uso concreto para los litigantes.

    Sobre los textos incluidos en este volumen

    En este volumen se reúnen textos escritos en distintos momentos de la vida académica de Courtis —algunos más iniciales, otros más recientes— que, leídos en conjunto, revelan la coherencia de una reflexión comprometida con la promoción y protección de los derechos humanos, la equidad y la noción de dignidad humana. No se trata de una compilación exhaustiva, sino de una muestra representativa de los hilos principales que recorren su pensamiento: la mirada crítica al formalismo y el funcionamiento de la justicia, la defensa de la justiciabilidad de los DESC, la profunda capacidad para trabajar en la conceptualización de los derechos y su convicción de que el derecho puede y debe ser una herramienta de cambio.

    El texto presentado como apéndice corresponde a los años en que Courtis formaba parte del staff de No Hay Derecho. Allí, publicó ensayos como “Justicia tomada”, incluido en este libro, en el que analizó la transformación del Poder Judicial durante el menemismo, y denunció la subordinación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación al poder político y a los intereses de la época. Ese diagnóstico no se limitaba a la denuncia coyuntural: prefiguraba una reflexión más amplia sobre el papel del derecho en las democracias y sobre los límites de la teoría constitucional clásica para comprender los procesos de captura institucional. Otros trabajos, como “Los anillos de la serpiente”, escrito junto con Víctor Abramovich, nos ofrecen una reflexión que se proyecta hacia la historia social del derecho. Los autores describen la evolución de los paradigmas jurídicos modernos —del derecho civil al laboral, y de este al derecho del consumo–como expresión de los desplazamientos del “espacio simbólico de pertenencia social”. Se trata de un ensayo de gran ambición teórica, donde Courtis despliega su mirada sociológica y su dominio del derecho comparado para mostrar cómo las trans-formaciones económicas y culturales reconfiguran las formas jurídicas. El texto, que ya anunciaba su interés por los derechos sociales, como también su especial talento para resumir la evolución normativa de los derechos, prefigura muchas de las preocupaciones que luego marcarían su trayectoria.

    A esa misma línea crítica pertenece “Reyes desnudos”, donde Courtis vuelve sobre el funcionamiento del Poder Judicial. En este escrito, examina las tensiones entre activismo y autocontención judicial en América Latina y advierte que la legitimidad de la justicia depende menos de las decisiones individuales de los jueces y más de la estructura y el diseño, y aboga por la implementación de mecanismos democráticos de control y participación. Este texto hace honor a la importante intervención de Courtis, en la Argentina, de la corriente denominada “teoría crítica del derecho”.

    En “Los derechos económicos, sociales y culturales”, reconstruye la genealogía de los derechos sociales y económicos, repasando minuciosamente y con una precisión encomiable la forma en que fueron incorporados en distintos lugares del mundo, con un análisis detallado desde su nacimiento hasta su progresiva constitucionalización. Este artículo, meticuloso y exhaustivo, resulta un aporte fundamental para el estado de las discusiones actuales sobre la historia de los derechos humanos, tema que se ha vuelto de relevancia tanto en el ámbito académico como en el debate público. La lectura que propone no idealiza el constitucionalismo social, sino que presenta su historia, la evolución en distintas tradiciones y países, y muestra la importancia del caso latinoamericano y su rica tradición en materia de derechos sociales.

    El interés por la dimensión estructural de los derechos encuentra su desarrollo más sistemático en “Criterios para la protección judicial de los derechos económicos, sociales y culturales”, donde Courtis ofrece una arquitectura argumental para sostener la justiciabilidad de los DESC, tema que no puede faltar en un volumen que compila los textos del autor. Allí, sostiene que la falta de precisión normativa o de recursos económicos no exime al Estado de sus obligaciones, y elabora una tipología de criterios que luego serían retomados por tribunales constitucionales de la región y por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, en el que Courtis desempeñaría años después un papel de destacada colaboración. En “La utopía de un mundo sin barreras”, despliega una lectura filosófica de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Su propuesta es entender el derecho como una ficción normativa: un relato que imagina sociedades posibles y que, en esa imaginación, ejerce una potencia transfor-madora. La utopía, en su obra, no es lo opuesto al realismo, sino su condición de posibilidad. El texto traduce en clave literaria una intuición que recorre toda su trayectoria: que el derecho es también una práctica de invención colectiva.

    Esa apertura se refleja también en su trayectoria institucional. Profesor en la Universidad de Buenos Aires y luego en el Instituto Tecnológico Autónomo de México, Courtis combinó la docencia con la investigación y la gestión académica, promoviendo espacios de enseñanza crítica del derecho. Como funcionario de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, llevó al plano internacional la preocupación por la igualdad, la accesibilidad y la exigibilidad de los derechos. Sus trabajos sobre discapacidad, pobreza y derechos sociales ampliaron el alcance del discurso jurídico más allá del ámbito local, y su participación en la redacción y difusión del Protocolo Facultativo del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales consolidó su reconocimiento como una de las voces más influyentes en la materia.

    Courtis fue —y sigue siendo— un tejedor de redes: fundador y editor de revistas, compilador de libros, formador de estudiantes y colegas. Su trabajo está atravesado por una práctica de colaboración que entiende el pensamiento jurídico como una tarea compartida. Su figura se distingue por los profesionales a quienes ayudó a formar, por la cantidad de proyectos que impulsó, por la generosidad con la que promovió a otros.

    Este libro busca, precisamente, honrar esa doble condición: la del teórico y la del activista del derecho. En tiempos actuales, reconocer la trascendencia de estas tareas resulta fundamental. La compilación que realizamos invita a recorrer una trayectoria que une pensamiento, docencia y práctica con una rara coherencia. Los textos aquí reunidos representan, por tanto, una buena muestra de la extensa, rica y muy influyente obra de Courtis en el campo del derecho.