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  • A ocho semanas de las elecciones generales ninguno de los 36 candidatos presidenciales convence al electorado. La apatía es tan generalizada que es difícil imaginar que estamos en plena campaña para decidir quién ocupará la presidencia y como se compondrá el Congreso, que volverá a ser después de más de treinta años, bicameral. Los últimos senadores peruanos se enfrentaron al auto-golpe de Alberto Fujimori en 1992 y desde entonces solo 120 (luego 130) congresistas han compuesto, hasta esta última reforma, el legislativo. En las calles hay poquísima publicidad y de lo único de lo que se habla es de los excesos del actual presidente interino José Jerí, que en los cuatro meses que lleva en el cargo viene batiendo récord de acusaciones, que incluyen tanto sus encuentros clandestinos con empresarios chinos a altas horas de la noche, como reuniones nocturnas con mujeres jóvenes que inmediatamente quedan contratadas para puestos de confianza en el Estado peruano con sueldos fuera de proporción.

    Nada de esto sorprende ya que el legislador elegido para convertirse en presidente ya estaba acusado de enriquecimiento ilícito y de violación cuando los partidos que controlan el legislativo optaron por él para dirigir el país. En la actualidad lo apoya solamente Fuerza Popular el partido de Keiko Fujimori que se opuso a debatir la censura a Jerí y que de momento controla la mesa directiva del Congreso. El jueves 12 de febrero se obtuvieron las 78 firmas que llaman a debatir la moción en un pleno extraordinario el martes 17 y mientras algunos consideran que solo se precisan 66 votos para censurarlo, la mitad más uno, los fujimoristas aseguran que se necesitaran 87 votos, dos tercios de la cámara para hacer el cambio. En el Perú todo es posible y de momento se debate quien podría convertirse en presidente ya que no debe ser candidato en las elecciones, o en caso de serlo debería de renunciar.

    Este torbellino político distrae de la campaña, no hay ni publicidad, ni debate, ni mítines políticos; la agenda está enteramente enfocada en una posible censura al presidente. Alguien podría tomar su puesto a la brevedad, acaparando toda la atención, en vez de en la necesidad de cerrar la prolongada crisis de representación que ha llevado a que tengamos siete presidentes en diez años. Pronto quizás ocho. Esta crisis comenzó cuando Pedro Pablo Kuczynski ganó una ajustada elección en junio del 2016. Mientras que el partido de Keiko Fujimori, hija y heredera de Alberto (presidente entre 1990 y el 2000) dominó el legislativo con más del 70%. Ese año al perder la presidencia por segunda vez ella sentenció que gobernaría desde el Congreso y fue así que un legislativo dominado por su partido de derecha destruyó a un presidente abiertamente de derecha y se llevó de encuentro a la poca y débil institucionalidad del país.

    El sistema hibrido peruano, ni plenamente presidencialista ni completamente parlamentario, dependía de un balance de fuerzas que en la última década se ha sido erosionado de tal manera, que, tras las últimas reformas a la constitución, el Congreso puede deshacerse del presidente con un número variable de votos, dependiendo de si se trata de un jefe del ejecutivo elegido en las urnas o en uno impuesto por el parlamento. Esto es lo que puede pasar en cualquier momento porque los partidos que lo sostienen desde el legislativo están haciendo el cálculo político de que conviene para cosechar más votos, dejarlo o sacarlo. Eso fue exactamente lo que le sucedió a su predecesora Dina Boluarte que no fue echada por las casi cincuenta muertes de inicios de su mandato entre fines del 2022 e inicios del 2023, ni por recibir joyas y relojes de manera ilegal de un gobernador regional. No fue siquiera por dejar el cargo abandonado para hacerse operaciones estéticas. La primera presidenta del Perú salió del cargo cuando la situación de inseguridad se hizo tan evidente, que quienes postulaban en las elecciones se dieron cuenta que ser cercanos a ella acabaría con cualquier opción de ser elegidos.

    Cuando Kuczynski renunció en marzo del 2018 lo reemplazó su vicepresidente Martín Vizcarra, quien llamó a un referéndum para reformar la constitución y se enfrentó al Congreso. Logró cerrar el legislativo y en enero del 2020 se eligió uno nuevo. Pero poco tiempo después le cobraron la movida y los legisladores lo echaron del puesto cuando salió a la luz que había aprovechado de las vacunas chinas para él y su familia, vacunándose a escondidas. También se hizo evidente que su gobierno era corrupto y desde que salió del mando por vacancia en noviembre del 2020 ha sido inhabilitado de ejercer cargos públicos y está preso en espera de una sentencia por las acusaciones de corrupción. Su hermano Mario Vizcarra que postula en su nombre tiene cuatro por ciento en las encuestas y va empatado en el tercer puesto. Hace tan solo dos meses tenía siete por ciento.

    Con la caída de Vizcarra estuvo cinco días en el poder Manuel Merino del tradicional partido Acción Popular, quien renunció obligado por marchas multitudinarias y el Congreso lo reemplazó con Francisco Sagasti, un tecnócrata de un partido moderado. En estas elecciones el partido que fundara Fernando Belaunde Terry en los 60s está dividido y no ha podido presentarse a las elecciones por problemas internos, aunque no se descarta que alguien de este partido podría obtener la presidencia interina. Mientras tanto el candidato del Partido Morado de Sagasti es un desconocido que no tiene ni un punto en las encuestas y el nieto del expresidente Rafael Belaunde que ha gastado mucho dinero y esfuerzo para lanzar su propio partido, Libertad Popular, tampoco aparece entre los presidenciables.

    En el 2021, durante la parte final de la pandemia fue elegido en segunda vuelta Pedro Castillo, un profesor rural de un pueblo pequeño de los Andes por la agrupación de izquierda Perú Libre. Una vez más Keiko Fujimori fue derrotada por poco y lanzó una campaña acusándolo de fraude. Otra vez desde el Congreso le hizo la vida imposible al mandatario que desde el inicio dejó en claro su incapacidad para gobernar. El 7 de diciembre del 2022 dio un mensaje a la nación, inspirado en el de Fujimori de 1992 con la intención de dar un auto-golpe y cerrar el Congreso, pero su intento no duró más de un par de horas y fue arrestado en camino a la embajada mexicana a solicitar asilo. Lo reemplazó inmediatamente su primera vicepresidenta Dina Boluarte y el sur del país explotó en furia y los miembros del ejército dispararon a matar. Vladimir Cerrón, presidente del partido Perú Libre, que no pudo ser candidato en el 2021 por acusaciones de corrupción cuando fue gobernador de la región de Junín, postula hoy desde la clandestinidad, pero tampoco supera el punto porcentual en las encuestas.

    Keiko Fujimori, quien una vez más anunció que no sería candidata intenta llegar a la presidencia una cuarta oportunidad, luego de haber sido derrotada por Ollanta Humala en el 2011, por Pedro Pablo Kuczynski en el 2016 y Pedro Castillo en el 2021. Quince años buscando conquistar el poder y habiendo servido trece meses de cárcel en prisión preventiva entre octubre del 2018 y noviembre del 2019 por irregularidades en el financiamiento de sus campañas electorales. A inicios del 2020 volvió a la cárcel, pero se le liberó por la crisis sanitaria del Covid-19. Keiko estaba acusada de recibir más de 17 millones de dólares de financiamiento ilícito. El 20 de octubre del 2025 el Tribunal Constitucional (elegido por sus congresistas) falló que se debía terminar con el juicio porque lo que había hecho en el 2011 no fue tipificado como delito hasta el 2016. Hoy está segunda en las encuestas con tan solo ocho por ciento. Ha caído cuatro puntos desde el año pasado en que lideraba las encuestas con doce puntos.

    En este momento quien tiene el primer puesto y parece sentirse ya el ganador por haber subido en un año de cuarto a doce por ciento es Rafael López Aliaga, que fue alcalde de Lima hasta hace solo unos meses en que renunció para poder postular a la presidencia, a pesar de haber jurado que no lo haría. ‘Porky’ como le gusta que lo llamen lidera la agrupación política Renovación Popular y es conocido por ser ultraconservador, ultracatólico y fanático de tomar tanto alcohol que no se le suele entender cuando habla por la tarde. Ha confesado estar enamorado de la virgen María y de aplicarse castigos físicos con el cilicio, pero más allá de eso su relación con el Opus Dei y con la desaparecida secta de origen peruano Sodalicio de Vida Cristina es tan estrecho que ante la disolución de esta última, ha tomado control de muchos de sus negocios y propiedades. López Aliaga es un empresario dedicado entre otras cosas al turismo, ya que tiene la concesión del tren a Machu Picchu y le debe 13 millones de soles en impuestos al Estado Peruano, pero asegura que eso es solo el 0.35% de su fortuna. De ser elegido sería el primer alcalde de Lima en llegar a la presidencia desde Guillermo Billingurst en 1912, y que fue derrocado dos años más tarde.

    En el pelotón del 4 por ciento junto con Mario Vizcarra está el cómico Carlos Álvarez conocido por haber hecho carrera de imitador. Sin ninguna experiencia política según la hoja de vida que ha consignado al ente electoral, postula por el Partido País Para Todos que se define como ‘conservadurismo popular antisistema’, algo que suena un poco contradictorio porque quien fundó el partido hace dos años, el exalcalde de la provincia de Huaraz fue cercano al gobierno supuestamente de izquierda de Pedro Castillo y está acusado de corrupción durante su administración. Álvarez de 62 años se inició como comediante a los dieciocho y se hizo famoso en los 90s durante la dictadura de Fujimori. Uno de sus personajes más conocidos es la imitación a Fernando ‘Popi’ Olivera, un gran luchador contra la corrupción desde los ochenta con su partido el Frente Independiente Moralizador y su símbolo de la escoba que ahora se presenta a la presidencia, pero no figura en las encuestas. El cómico se ha visto cuestionado en los últimos días por el uso del dinero de la franja electoral financiada por el Estado y amenaza con renunciar a su postulación si el partido no esclarece el uso del dinero. A pesar de mantenerse tercero en las encuestas sus números han bajado del ocho al cuatro por ciento desde agosto.

    También con cuatro por ciento está César Acuña, el multimillonario dueño de la Universidad César Vallejo y hasta su postulación, gobernador regional de La Libertad, en el norte del Perú. Inició su carrera política en el 2000 y tras la caída de Fujimori logró consolidarse políticamente hasta crear su partido Alianza Para el Progreso. Fue alcalde de Trujillo, gobernador de La Libertad y en el 2016 fue escalando en las encuestas hasta llegar al tercer lugar. Pero en ese momento fue impedido de postular al descubrirse que sus dos tesis de maestría eran plagiadas. Pero su agrupación política se ha mantenido con representación congresal y actualmente son uno de los socios principales del Fujimorismo en el legislativo. 50 de los candidatos que lo acompañan en estas elecciones para puestos en el legislativo tienen sentencias firmes de todo tipo. Acuña, cuya ideología jamás ha sido muy clara, siempre está ahí y en el último mes ha subido de dos a cuatro por ciento.

    El último candidato que parece separarse del pelotón es Alfonso López Chau, es el único entre los que sobresalen que se autodefine como de izquierda democrática. El que fuera rector de la Universidad Nacional de Ingeniería saltó a la palestra en enero del 2023 cuando le abrió las puertas del campus a los estudiantes y jóvenes del sur del Perú que fueron a Lima a protestar por el asesinato de sus compañeros en las manifestaciones contra el gobierno de Boluarte. Fue desde entonces que comenzó a construir un partido político que tiene apoyo principalmente en provincias. Uno de sus pasos más acertados electoralmente fue convocar a las principales voces de la izquierda moderada para que participen en sus listas al parlamento. Es más, desde que se dio el anuncio de quienes lo apoyan y postulan al Congreso con su agrupación, ha dado un salto en las encuestas. Eso y los ataques sostenidos desde los comentaristas de la derecha han hecho que se haga más conocido y habrá que ver cómo evoluciona su candidatura en las próximas semanas.

    El escenario es entonces extremadamente complejo. Podríamos tener un nuevo presidente en menos de una semana. También es posible que alguien dé la sorpresa y a partir de los debates que no se darán hasta dos semanas antes de las elecciones. Eso fue lo que sucedió con Pedro Castillo en el 2021, nadie lo conocía hasta que apareció en televisión y destacó por su sombrero. Algunos candidatos podrían aún ser excluidos de la carrera porque el Jurado Nacional de Elecciones aún está resolviendo tachas y el padrón no se cerrará hasta el 12 de marzo, un mes exacto antes de la primera vuelta. La situación es entonces aún más volátil que de costumbre y a pesar de ello la economía peruana sigue con esa estabilidad que la ha caracterizado en los últimos veinte años. Los precios de las materias primas que exportamos están por los cielos, y por eso el país debería crecer a más del tres por ciento en el que seguimos estancados. El costo del desorden político y de la falta de institucionalidad es inmenso, la estabilidad es a nivel macro, la gente no la siente. La inseguridad campea y los peruanos y peruanas están más preocupados en sobrevivir su día a día que en pensar por quién votar en las próximas elecciones. Al final como siempre nos veremos obligados a elegir al que consideremos al último minuto el menos malo.