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  • El domingo 12 de abril salí temprano de casa y llegué al local de votación un poco después de las siete la mañana. Como desde hace diez años fui voluntaria en mi mesa de sufragio en Londres. Desde 1980 los peruanos que vivimos fuera tenemos derecho a votar, y nuestra contribución electoral se ha ido incrementado. Desde hace cinco años tenemos un representante al Congreso y ahora uno al Senado. Dado lo ajustadas que son los resultados, los votos del extranjero pueden inclinar la balanza, usualmente hacia la derecha.

    Estudio el sufragio históricamente, tanto la mecánica electoral como la política que la hace posible y por esto me emociona poder ser parte de un sistema que con todos sus problemas permite a los ciudadanos, por lo menos tener la ilusión de ser momentáneamente iguales. Por supuesto que las elecciones no siempre lo permiten, las mesas no se abren al mismo tiempo, algunas personas que tienen que hacer mucho más esfuerzo para llegar a ellas, y hay quienes tienen menor acceso a la información. A pesar de todo ello se mantiene cierta ilusión de igualdad y en un país tan profundamente desigual como el Perú, el voto es quizás uno de los únicos momentos donde existe.

    Buscar ponernos de acuerdo como sociedad para decidir quienes nos van a gobernar tiene algo particular. Aunque claro los procesos son parciales y pueden ser manipulados, tanto en el diseño como en la puesta en práctica. Puede ser manera intencional para quebrar la voluntad popular o simplemente porque el engranaje social no permite que funcionen de manera adecuada. Las elecciones no son perfectas y en el caso de las peruanas del domingo 12 de abril del 2026, que ya venían cuestionadas antes de realizarse y ahora, a diez días de haberse realizado, se están desconociendo los resultados y podrían ser incluso anuladas.

    En los últimos años las reformas electorales que buscaban mejorar la falta de representación fueron desvirtuadas de tal manera por los parlamentarios con la intención de regresar al congreso que la cura resultó peor que la enfermedad. Al eliminarse las primarias obligatorias participaron 36 partidos, pero solo cinco pasaron la valla del 5% de los votos válidos para llegar al parlamento. Debían además obtener por lo menos 7 escaños en la cámara de diputados y 3 en la de senadores. Es así que tres de los candidatos al congreso con mayor número de votos no lograrán una curul porque su partido no ha cumplido con los requisitos. Esos escaños se repartirán proporcionalmente entre los demás y es así como el partido de Fujimori, con tan solo el 17% de los votos válidos tendrá el control de ambas cámaras.

    Los electores han castigado a seis de los partidos que dieron estas reglas para beneficiarse con la reelección, no votando por ellos y desaparecerán después de las elecciones regionales y municipales de noviembre de este año. La paradoja es que entre los cinco partidos que, si estarán en el Congreso, los tres más votados fueron artífices de estos cambios al sistema electoral y han sido premiados electoralmente. Dos de derecha y uno de izquierda, y sus candidatos se disputan el pase a segunda vuelta. Los otros dos partidos son de centro derecha y centro izquierda y han logrado una representación modesta pero respetable de personas con experiencia y conocida rectitud.

    Y si bien la elección parlamentaria se ha llevado a cabo sin demasiados contratiempos, la situación de las presidenciales es cada día más precaria. Sin duda alguna con el 94% de actas escrutadas, Keiko Fujimori tiene 17% de los votos válidos, unos 2,695,457. La sigue Roberto Sánchez con 12%, unos 1,902,153 votos, pero está prácticamente empatado con Rafael López Aliaga con 11.9% y 1,887,041. Los 15,112 votos de diferencia podrían cambiar quien pase a la segunda vuelta y ese 5% que falta contar se está peleando voto a voto. La disputa es entre Rafael López Aliaga el exalcalde de Lima que representa a la derecha más recalcitrante, aliada de grupos católicos extremos y que no tiene apoyo fuera de la capital y en el extranjero. Y Roberto Sánchez un operador político de izquierda que ha pactado con Fujimori cuando le ha sido necesario y ha tomado el sombrero de Pedro Castillo, reivindicando su gobierno, incluido su fallido golpe de estado y ha conquistado el voto rural y del sur del país.

    Lo que está sucediendo es una repetición del 2021 cuando en la segunda vuelta Fujimori acusó a los organismos electorales de haber perpetrado un fraude que supuestamente llevó a Pedro Castillo a la presidencia. En esa ocasión ella argumentó que se le habían robado los pocos votos que hacían la diferencia. Ahora es Rafael López Aliaga quien asegura que, si no pasa a la segunda vuelta, se habrá perpetrado un fraude. El día de la elección se dieron irregularidades en el reparto de material electoral y algunas mesas en Lima y dos en los Estados Unidos no se llegaron a instalar. Esto causó tal furor que el Jurado Nacional de Elecciones declaró por primera vez en la historia que 13 locales de votación funcionarían de manera extemporánea y unos 52,000 votantes tendrían la posibilidad de sufragar el lunes 13 de abril.

    Desde 1931 el voto en el Perú es obligatorio, y tan solo desde hace diez es facultativo para los mayores de 70 años y los peruanos en el exterior. La multa incentiva a las personas de menos recursos que necesitan hacer trámites formales a votar. Y aunque este año se han establecido tres escalas de pago dependiendo de donde se vote, en los distritos más pobres la multa es de 27 soles, en los menos pobres de 55 y en los más acomodados de 110, el 70% de los casi 27 millones de electores hábiles ha participado. López Aliaga arguye sin embargo que, debido a la demora en la instalación de mesas en algunos distritos en Lima y en el extranjero, sus votantes no han podido ir y por ello exige que se anulen y repitan las elecciones.

    Con tan solo 73 actas por ingresar al sistema y 5,465 que el Jurado Electoral Especial debe revisar, quedan alrededor de unos 1,639,500 votos en discusión, un promedio de 300 por acta. Al parecer los números no favorecen a López Aliaga ya que con cada actualización del conteo la distancia entre él y Sánchez crece en vez de disminuir. Coincidiendo con el conteo rápido de las actas, que en base a un muestreo representativo dejó en claro la misma noche de la elección que la segunda vuelta se la disputarían Fujimori y Sánchez.

    El exalcalde pide ahora que se anulen las elecciones. La presión ha llevado a que el jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales renuncie a mitad del proceso, a pesar de que según la ley su cargo es irrenunciable. Hoy se habla de que se podría repetir la elección. Pero López Aliaga debería de tener cuidado con su pedido, en las mesas que votaron el lunes 13, con la información de los posibles resultados, fue Jorge Nieto, el candidato de centro derecha quien sacó más votos, arrasando en todos los locales de votación. En el caso de que se repitiesen las elecciones no queda claro que López Aliaga sería el vencedor. Tampoco se discute qué pasaría con las elecciones al Congreso.

    Lo que sucede en el Perú es tremendamente preocupante ya que hay un candidato que se rehúsa a aceptar un resultado que no lo favorece. Una mayoría de quienes lo apoyan acusan a las personas en los sectores rurales y del sur de no saber por quién votar, despreciando a quienes no consideran sus iguales. A pesar de todo esto dos cosas quedan claras, la primera es que casi el ochenta por ciento de los electores no quieren a ninguno de los candidatos y la segunda es que, a pesar de todos los intentos de manipular el proceso, la voluntad popular aún se hace sentir.

    Queda ver si se respetará el resultado para seguir a una segunda vuelta de horror, si quien tome la jefatura de la oficina de procesos electorales podrá concluirlo satisfactoriamente o si tendremos que comenzar de nuevo.