• debates
  • ensayos
  • entrevistas
  • reseñas
  • Volvamos a Hanif Kureishi, con su entrega del 10 de enero del 2026, la que titula “Sex and Death”. Comienza así: “No recuerdo la última vez que eyaculé. Debe haber habido una última vez, y no debía saber que era la última vez. Supongo que nunca sabemos que algo va a suceder por una última vez. El último cigarrillo, el último beso, la última mirada al rostro de nuestros hijos.”

    Dice haber meditado mucho sobre el fin de su sexualidad, lo que significa, lo que siente. A veces le parece que es un asunto de poca envergadura si toma en cuenta todos los problemas que lo ocupan en su casa, pero, agrega, de todos modos, perder la sexualidad es una experiencia única. No tiene comparación con ninguna otra más aún por pertenecer a una cultura en la que el sexo era una figura dominante.

    Lo cito: “Por suerte, no he visto a mi cock desde hace un tiempo, pero lo siento lavado e higienizado por mis enfermeros cada mañana. Sospecho que es una especie de hongo disecado rodeado en una espesura gris de pelos finitos.”

    ¿Por qué es difícil traducir cock? ¿Qué decir sin que provoque algún tipo de incomodidad? Si digo: hace rato que no la veo a mi pija, suena vulgar y agresivo. Pero no voy a decir pene porque no hablo de una imagen anatómica del cuerpo humano; ni miembro masculino que es ridículo, ni verga, una fanfarronería de secundaria, ni polla porque no soy madrileño.

    Cuando Hanif dice cock es como si hablara de un amigo, alguien que no ve hace tiempo, pero nosotros no somos amigos de nuestra pija porque es un arma de guerra. La lanza de los machos. Los argentinos no sabemos hablar en forma coloquial de nuestro sexo, ni masculino ni femenino, ya que concha es una palabra ambigua quizá no menos que cunt, chatte o coño, en lengua del primer mundo. En lo que a esto último concierne, respecto del sexo femenino, se ha hecho habitual una reinvindicación de los ovarios en franca competencia con los huevos como sinónimos de coraje.

    La semántica es una ciencia demasiado rigurosa para un profano, por eso mejor seguir a Hanif que le agradece a su cock haberle presentado tanta gente interesante, hacerle vivir situaciones inesperadas, farsescas, conocer estilos de vida y culturas diferentes. Lamenta no haber disfrutado con más intensidad todo lo que le ofrecía su cock mientras aún lo tenía.

    De ninguna manera se trata de una asunto numérico basada en cantidad de encamadas y de cuerpos facturados, como si fuera un proceso de evacuación. La sexualidad es una vía de conocimiento, de acercarnos al otro, de gozar de su singularidad.

    Su situación actual es la de un voyeur que ama con la mirada.

    Hanif está rodeado de desdicha. Sus amigos y amigas o murieron o padecen enfermedades terminales. Termina su crónica de este modo:

    “A pesar de nuestro destino, de la realidad de las guerras y de las enfermedades, es crucial que conservemos y hagamos circular la idea de placer. Somos animales deseantes que nos excitamos y nos estimulamos con el tacto y la palabra. Los placeres activan nuestra imaginación. El juego le da sustancia a nuestra ligereza y curiosidad, en sí mismo es una terapia. Por eso, debemos hasta el final insistir con nuestros apetitos y deleites”.