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  • El domingo en Seúl se publicó una nota que me llamó mucho la atención. La firma un tal “Dr. Phibes”, que nos aclara que debe escribir con pseudónimo por temor a las represalias y las consecuencias legales. ¿Estará denunciando una red de narcotráfico? ¿Revelando un entramado mafioso? No, esos son juegos de niños: se trata de otra valiente filípica contra el temible “clima de época” feminista. 

    ¿Qué le pasó al Dr.? La bajada de “Todo por un depto” resume su planteo: “Empujadas por el clima de época y el feminismo de su generación, mis hijas mayores de edad me demandaron por alimentos, aunque ganaban más que yo”. Lo realmente increíble es que nada de todo esto es verdad (no sólo porque la nota es anónima y por lo tanto incomprobable, sino porque el contenido de la nota no contiene nada de eso). Por supuesto, no conocemos la versión de las hijas.

    Empecemos por que sus hijas no lo “demandaron”: lo citaron a mediación, él les explicó que no les podía pagar, y no pasó nada más. Tal vez sería correcto decir que le “reclamaron” alimentos o algo parecido, pero la expresión de que lo “demandaron” transmite la idea de algún tipo de aval oficial que no existió: ninguna institución estatal legitimó el planteo. Es verdad que el Código Civil y Comercial permite a los hijos pedir alimentos a sus padres hasta los 25 si están estudiando, pero el Dr. no parece tener un problema con esta norma en general (aunque la llame irónicamente “ampliación de derechos”), sino que sugiere que sus hijas intentaron aprovecharse de una norma que no les era aplicable. También es extraño el título de la nota: “todo por un depto” sugiere que sus hijas hicieron algo más para hacerse del departamento que pedírselo. “¡Me pediste un departamento solamente porque querías un departamento!” no tiene la potencia acusatoria que su autor seguramente imaginó, por lo que agregar una demanda tal vez le agregue algún dramatismo.

    Lo más llamativo llega después. Tras este relato, afirma que los excesos del feminismo “tuvieron mucho que ver en la demanda [de nuevo, no hubo demanda] de mis hijas”, y despotrica sobre los inocentes presos por falsas denuncias de abuso, las capacitaciones de género y hasta contra Ofelia Fernández (!). Pero uno puede leer y releer la nota sin encontrar ni una referencia, así sea elíptica, a qué pudo haber tenido que ver el feminismo con el reclamo de sus hijas. En cierto momento de la lectura, uno ya pide cualquier cosa: que diga que la hija usaba un pañuelo verde, que estudia Sociología, que tiene el pelo corto y cada tanto dice “todes”. Pero no hay nada: por lo que sabemos, las hijas del Dr. podrían militar en La Libertad Avanza y tener tatuado “Familia, Tradición y Propiedad”. De hecho, el Dr. compara su situación con la del personaje viudo de Francella en Homo Argentum, al que sus hijos le reclaman un adelanto de herencia. Los hijos eran dos varones y una mujer.

    ¿Por qué le dedico este espacio al Dr.? Creo que la nota transmite dos o tres cosas interesantes.

    La primera es que en el medio de su relato, el Dr. explica que se hizo cargo de la crianza de sus hijas y sugiere que lo hizo en pos de la carrera de su mujer y a un alto costo para la propia. Recién ahora, dice, está logrando reinsertarse en el mercado laboral. Si esto fuera cierto, haría bien en consultar a una abogada feminista: otra de las “ampliaciones de derechos” del Código Civil y Comercial fue la “compensación económica”, que busca remediar precisamente este tipo de situaciones en las que, en general, las que salen perdiendo son las mujeres y no los varones. El Dr., quién sabe, tal vez haya podido advertir esta situación gracias al “clima de época” feminista.

    La segunda es que tal vez el problema del Dr. sea representativo de un fenómeno más general, pero no del que él cree. En un mundo en el que la riqueza está cada vez peor distribuida en términos generacionales, en el que las posiciones de poder y prestigio son acaparadas por los cada vez más longevos boomers y Gen Xers,  y en el que la caída de la natalidad ni siquiera da a los jóvenes la prepotencia del número, tal vez comience a ser más común que las nuevas generaciones perciban que su única vía de acceso a la propiedad y la carrera sea obtenerlas de manos de las generaciones anteriores. También se profundizará la brecha entre quienes puedan heredar y quienes no (como sugiere el propio Dr. al mencionar a las amigas de sus hijas que recibieron un departamento como adelanto de herencia). Probablemente esta guerra del cerdo invertida vaya a explicar mucho de nuestras próximas batallas culturales. Una lástima haber dejado pasar la oportunidad para reflexionar al respecto.

    La tercera es la insistencia en el “clima de época” feminista. Leído en el tercer año de la presidencia de Javier Milei, que insiste cada vez que puede en que somete sexualmente a opositores, periodistas y economistas y llegó a llamar “prostituta” a una comunicadora sin que el asunto pase a mayores, el cuco causa un poco de gracia. Me recuerda a cuando un relator de fútbol furiosamente oficialista profirió una serie de insultos raciales y terminó gritando algo como “si quieren mándenme al INADI, yo digo las cosas como son”. El INADI, desde ya, ya estaba cerrado, el Presidente que en todo caso lo dirigiría lo llama su amigo, y nadie le podía mandar nada: para mucha gente, hacer la performance de coraje es bastante importante, pero no tanto como para enfrentarse de verdad a algo que les pueda hacer daño.

    Y esto me lleva al punto que realmente me mueve a escribir esto. Por convención me referí en esta nota al Dr. Phibes como autor de la nota, pero en realidad es Revista Seúl la que decidió publicar una nota anónima, por naturaleza incomprobable, y validó con su edición que lo único que se lea en el home de la revista sea que el feminismo promovió una demanda inverosímil (¡la URL de la nota es “denuncias-feminismo”!). ¿Cuál puede haber sido la agenda detrás de la publicación de una nota así? A esta altura de la soirée, a nadie espanta que ciertas publicaciones tengan una agenda o incluso una militancia, y, desde su propio título, Seúl ha sido bastante explícito sobre esto. Sin embargo, incluso si el objetivo fuera azuzar la batalla cultural contra los “excesos del feminismo” (lo único que parece animar esta publicación), uno se pregunta por qué no habrán hecho el esfuerzo de hacerlo frontalmente. Después de todo, contra lo que denuncia el Dr. Phibes, hoy el feminismo está lejos de ser la doctrina oficial, y no hay demasiados motivos para temer expresarse al respecto. Si Seúl, en lugar de regar lugares comunes y fomentar pánicos morales, intentara articular una versión seria de la que sería su versión de feminismo “sin excesos”, le haría un favor al debate público. Sería bastante mejor que el debate nos enfrentara a lo que Seúl en algún momento aspiró a ser y no a La Derecha Diario.